Es incongruente querer defender el respeto social y al tiempo proporcionar elementos discriminatorios y desestabilizadores, es algo que por su propia lógica no tiene ni sentido ni fundamento; eso sería, cuando menos, un “atentado” contra derechos naturales y contra principios de convivencia y respeto, toda vez que, el respeto (valga la redundancia) es una premisa de reciprocidad humana incuestionable. Empecinarse en establecer razones dentro del marco de la desinrazón abusando de discriminaciones improcedentes y corrosivas es provocar situaciones indeseadas, es no querer reparar situaciones deleznables, es dar la espalda a las soluciones lógicas, justas y equilibradas racionalmente, provocando la desembocadura en caótica desestabilidad de principios racionales de convivencia.
El lenguaje de la medida, tiene su universalidad, y por tanto, en las relaciones humanas, siempre se ha dicho y se dirá que se debe tener una misma vara para medir, caso contrario la precisión de la medida sería, inevitablemente, cuestionada. A las cosas hay que darles la importancia que tienen, y mucho más aún cuando se pone en juego el respeto a las personas y sus derechos humanos inherentes. De tal forma que no hace falta ser ni instruido, ni docto, ni inteligente para ver que es discriminación pura y dura la imposición de diferente condena ante un mismo hecho, como tácitamente se establece en cuestiones de violencia doméstica. Es imposible no abundar en lo hartamente referido por medios y más medios, gente y más gente (y dicho de paso, todos no pueden estar equivocados); si de un tiempo a acá un mismo hecho era delito para el hombre y falta para la mujer (desigualdad injustificada, y discriminación atroz, se mire como se quiera...), lejos de intentar solucionar tal error (como es correspondiente a un estado de derecho), se abunda en el mismo acrecentándolo en discriminación, clara desigualdad e incongruencia, estableciendo un “seis contra tres”. ¿Cómo se pretende corregir error con error? ¿Qué resultados son los que se esperan obtener? ¿Cuál es el fundamento para tan clamorosa desigualdad?, por más que se piense no cabe razón humana, a no ser que haga falta ser eruditos para entender de cuestiones de común y elemental justicia social. Tampoco se entiende, que para allanar un camino, limpiándolo de piedras, sea necesario poner más piedras en medio; esto, a todas luces, resulta cuándo menos incomprensible. Pero, al parecer, no es así como se debe pensar, a juzgar por los acontecimientos... A lo mejor no se está en el camino correcto para poner “paz” y “orden” en cuestiones de calado doméstico-familiar, a lo mejor no son las leyes vigentes correctas o lo correctas que deberían ser; a lo mejor no son las leyes las correcciones oportunas y si lo son la instrucción cultural, humana y en su fundamentación más honda la educación. Es tan elemental tal principio, que prestarle toda la atención posible y más, aún sería insuficiente, dada la continua dinamicidad de cambio de la sociedad actual.
La violencia es deleznable, venga y provenga de dónde sea; también lo es en sus amplias extensiones y condiciones, no sólo físicas, sino psíquicas, morales y afectivas, es por lo que hay que atender el “amplio” espectro que abarca, para con tino humano, racional e inteligente acertar con el antídoto que contrarreste el fatídico veneno que utiliza. Incuestionablemente se debería huir de “placebos circunstanciales y mediáticos”, envueltos en medidas desacertadas que más que aproximar al equilibrio, desequilibran en desigualdad y no son remedio ni a corto, ni a largo plazo. (Nitomarco)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)






